LA ESPOSA DE MI AMANTE TIENES QUE LEERLO, ESTO LE PUEDE PASAR A TU RELACIÓN.

Relaciones de pareja. 26 Visitas

Mi nombre es Patricia. Tuve una relación como amante de Fernando durante muchos años. Su esposa se llamaba Victoria y era madre de dos hijos pequeños: uno de 7 años mientras que el menor tan solo tenía 2 años.

 

 

Durante bastante tiempo le insistí a Fernando que la dejara, para así darme a mí el título de señora. Quería estar en un nivel superior al de la amante. Pero por más que le insistía, Fernando no se atrevía a dar el paso adelante. Mientras tanto, como amante, yo recibía los mejores regalos y hasta tenía una tarjeta de crédito por parte de él para darme todos los gustos que quisiera. Por eso anhelaba tanto ser oficialmente su señora.

 

 

Cuando le preguntaba a Fernando si aún quedaba amor en su relación, él me decía que no: que Victoria ya no era la mujer que conoció cuando era novios, que siempre permanecía ansiosa y había engordado mucho tras los embarazos, además de que durante mucho tiempo habían dejado de tener relaciones íntimas.

 

 

Así que como estrategia decidí hacerme amiga de Victoria, aunque ocultándole en todo momento que yo era la amante de su esposo. La abordé en un centro comercial, donde invite a sus hijos a comer helado. Fue el inicio de una gran amistad, mientras que Fernando no tardó en descubrir la relación, quien naturalmente no podía decir nada al respecto: claramente no le convenía.

 

 

Entonces ocurrió un suceso sin precedentes. Victoria decidió invitarme a cenar para celebrar el cumpleaños de uno de sus hijos. Pero entonces, fue al ingresar a ese mundo cuando me di cuenta a fondo de porqué Victoria era una mujer gorda, ansiosa y cansada.

Nunca hasta entonces había podido contemplar que ella era una mujer que se levantaba desde las 5:00 a.m. para ayudar a sus hijos y su esposo, cocinar y preparar el almuerzo para todos, antes de marcharse a su oficina de trabajo a las 7:00 a.m. Luego, a eso de las 7:00 p.m. regresaba a casa para terminar de ayudar en las tareas de sus hijos y preparar la comida.

 

 

Mientras tanto Fernando era uno más dentro del montón. Uno más que era mantenido por el buen amor y cariño de una esposa que sí lo amaba. Por lo que entre oficios y oficios era más que comprensible que Victoria estuviera tan agotada, aparte de no recibir los honores que ella merecía como señora del hogar, no tenía ropa elegante como la que me regalaba Fernando ni iba a un SPA a eso de las 5:00 p.m. tal como lo hacía yo.

 

 

A partir de ese momento, decidí abandonar a Fernando, quien ni siquiera se merecía el cariño de su esposa Victoria. He iniciado una nueva vida y encontré un hombre soltero con quien me case dos años más tarde. Solo pido a mi Dios que él no sea como Fernando.

 

 

Gracias al creador he tenido una nueva oportunidad de rectificar mi camino y salir del pecado. Hoy pido perdón al cielo por mis pecados y espero no repetir la misma historia, porque no todas las mujeres merecen el honorable título de señora.

 

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